La generación del porno digital y la era del posporno

La generación del porno digital y la era del posporno

¿Qué nos enseñó a tener sexo? ¿Quién nos mostró aquello que anhelábamos entender en la adolescencia efervescente, cuando el tabú silenciaba toda pregunta? ¿Dónde vimos por primera vez escenas sexuales y cuántos estereotipos, ideologías y roles de género estábamos interiorizando sin darnos cuenta?

Por Mila Soto Iacopetti

Las personas nacidas entre mediados de los años ochenta y finales de los noventa forman parte de la primera generación que aprendió el sexo desde una pantalla. Llegaron a la adolescencia junto con internet, cuando la pornografía pasó de ser un contenido clandestino a un acceso ilimitado, gratuito y disponible las 24 horas.

Aprendimos lo que era el deseo a través de imágenes que no olían, no dudaban y no pedían permiso. Primero fueron los canales de madrugada; después, las descargas; y finalmente, los portales donde todo estaba a un clic.

Un tipo de sexo heterosexual, repetido y ordenado: cuerpos jóvenes, delgados, sin vello; hombres seguros, mujeres disponibles; penetraciones limpias, gemidos ensayados, finales previsibles.

Esa exposición temprana se convirtió en una forma de educación sexual, casi siempre la única. Pero la pornografía no solo muestra cuerpos: enseña guiones. Define lo que se considera excitante, quién tiene la iniciativa, qué gestos valen y cuáles sobran. En ese modelo, el deseo se confunde con rendimiento, la comunicación desaparece y el placer se vuelve una demostración. Y, peor aún, la violencia sobre las mujeres se naturaliza, como si lo brusco y lo brutal fueran sinónimos de pasión.

Con el tiempo, esos guiones se filtraron en la realidad. En las camas, las personas repiten sin saberlo las mismas escenas que vieron en pantalla. Y ahí, cuando el cuerpo real no responde igual, llega la frustración: la sensación de no ser suficiente, de no desear o excitarse “como debería”, y de aceptar prácticas que a menudo dejan secuelas físicas o emocionales.

La irrupción feminista y el cambio de guion

La cuarta ola del feminismo sacudió la sexualidad de las personas con vulva. Se iniciaron debates, se visibilizaron desigualdades y se puso sobre la mesa algo que parecía obvio pero no lo era: el placer propio.

Entonces la tecnología empezó a jugar a favor. Las redes se llenaron de cuerpos diversos, con todos los condimentos propios de la piel que habitamos. Emergieron discursos sobre deseo, consentimiento y autocuidado. Personas que se atrevieron a decir “no quiero seguir fingiendo”, y el alivio de sentir la resonancia de todo un colectivo que había seguido las indicaciones de un goce que no le pertenecía.

El centro ya no era el pene ni la penetración, como en cada video. Lilith, la primera mujer que según el mito se negó a someterse, resurgió como símbolo para marcar límites, y con ella llegó la educación sexual para vulvas: ilustraciones del clítoris, talleres, proyectos, conversaciones. Dejamos de llamar “vagina” a todo el conjunto y empezamos a nombrar lo que realmente tenemos y sentimos.

Aprender a desear también implicó reaprender a tocarnos, a identificar lo que no nos gusta y a pedir lo que sí. Porque sí, esta es la generación que creció con el porno como parámetro de la sexualidad, pero también la que decidió romper lo impuesto y crear nuevas representaciones, más libres, más honestas, más cercanas.

El porno es para la sexualidad lo que Disney para el amor romántico: un marco de representación ilusorio en el que las mujeres salimos perdiendo y toda disidencia queda invisibilizada.

La expansión del posporno

De esa transformación nacieron proyectos que buscan mostrar el sexo desde lo real: cuerpos diversos, torpes, con deseo y ternura. Escenas con personas maravillosas y humanas, donde el placer no depende de la perfección, sino de la conexión y el consentimiento.

En el posporno, el cambio fundamental no está solo en quién aparece, sino en cómo se mira. Lo que marca la diferencia con el porno mainstream es precisamente eso: el consentimiento y el cuidado.

Por eso hay directoras y creadoras que eligen mostrar Vulvarnés como una herramienta necesaria, que permite placer y protección al mismo tiempo y abre conversaciones sobre salud sexual y práctica consciente.

Vulvarnés en el posporno

2023 — Chechu, de MyBadReputation

Chechu enseña mostrando y explicando desde lo real. Su trabajo es muy valioso para las personas con vulva y sus vínculos, y en uno de sus videos muestra cómo se usa Vulvarnés.

Foto: Chechu (@mybadreputation_)

2025 — Knots of Self, de MAGMA y NAD, por Laura Ropes

Un video sobre dominación y sumisión en el que el acuerdo y el cuidado entre quienes participan son parte central de la escena.

ANOmalie es un colectivo queer dedicado a la educación sexual, que amplía la representación a través de contenido diverso y genera espacios sexpositive donde encontrarse, compartir y celebrar.

Foto: ANOmalie (@anomalie.collettive)

Un nuevo guion para el deseo

No se trata de dejar de mirar, sino de elegir qué miramos y cómo. Cada representación que pone en el centro el consentimiento, la diversidad y el cuidado amplía lo que imaginamos posible en nuestras propias camas. Y cuidarse también forma parte de ese nuevo guion.

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